Probablemente haya pasado siglos hablando de ti sin saber tu nombre, soñando contigo todas las noches y preguntándome por qué...por qué no te cruzabas en mi camino.
Supongo que pensaba y te invocaba un poquito. Nunca creí que fueras real. Me rechinaba incluso cuando te estaba viendo sonreír y algo me decía "tienes que conocer a ese chico".
Las utopías saben a desengaño. Normalmente abarcamos más de lo que podemos encontrar, luchamos contra imposibles y nos chocamos contra la pared: la perfección no existe.
Tus taras tienen hueco en mi corazón. Incluso lo que haces mal, me llena; por ser parte de ti, de tu vida y del mundo que, por suerte, te quiso en mi camino.
Y podría decir que estoy enamorada de ti y tú responderías que tú también o que ya lo sabes. Lo cierto es que me muero por repetirlo hasta la saciedad, por susurrarlo, gritarlo, cantarlo y dibujarlo en tu espalda: TE QUIERO.
Si mi cabeza juega con los dos y nos pone al borde, perdóname. La verdad es que me gustas mucho y quiero acertar.
Siempre he sido el resultado de un conjunto de despropósitos unidos con hilo poco resistente. Insegura y pequeña...me has hecho descubrir.
Descubrirme es descubrirte.
Cada rincón nuevo me devuelve un pedazo de mí.
Quizás no sea yo y me haya convertido en ti, quizás siempre tuviste una pieza que me faltaba o una tuerca, porque ya sabes que esas seguro que faltan.
Me apetece escuchar tu voz, diciendo cualquier cosa, no sé. Aunque sea una estupidez o la revelación más importante...yo quiero escucharte. Quiero sentirte, abrazarte, comerte, besarte. Quiero leerte como un mapa y que aún así me sorprendas.
Quiero oírte canturrear cuando andas despistado, quiero mirarte cuando no me miras y ver cómo poco a poco te das cuenta y me devuelves la mirada...y aparece la sonrisa.
Quiero tocarte. El cuerpo, el alma, la risa y la vida. Quiero calarte y volverme imprescindible...tanto como lo eres tú.
Quier acostumbrarme a tu respiración tranquila cuando duermes. Quiero que te gires y me abraces en cuanto me escabullo entre las sábanas.
Quiero un beso de buenos días, otro de buenas noches y mil veces mil entre medias (aunque aún así, me parecen pocos).
A veces te miro y esa sensación de irrealidad me roza los dedos. Siento la necesidad de fundirnos para no perder mi razón.
Me vuelves impulsiva y cambiante, sacas de mí lo mejor y lo peor.
Haces que parezca sencillo vivir sin arrastrar los pies y no hay palabras suficientes para explicar que cada paso que das, cala en cada poro y escribe una letra más de tu nombre en mi superficie.
Sé que soy la persona más cursi del mundo y que probablemente ya no te lleguen mis letras.
Será un mensaje más dentro de esa rutina en la que describo paso a paso la palabra amor. 4 letras y tantas explicaciones como personas en el mundo. Tú eres la mía.
Por más que haya querido, amar es nuevo y responde sólo a tu presencia.
Estoy tan confundida, tan quebrada y a la vez tan entusiasmada y con tantas ganas, que no sé cuál es mi camino ni qué manera de actuar es la que tengo que escoger.
Sólo sé que eres tú. Y que deseo compartir cualquier opción contigo.
No me gustan las promesas, prefiero las sonrisas.
Te regalo la mía siempre que nos crucemos.
No hay comentarios:
Publicar un comentario