Es complicado tener una conversación sin nombrarte, sin sonreír como una tonta, sin buscarme tu olor en las manos después de una tarde juntos.
Parece imposible comerme las ganas de gritar a los cuatro vientos que soy feliz.
Hace un contraste increíble tu presencia en mi vida. Probablemente te deba muchas cosas, pero entre ellas está volver a reencontrar mis ganas de comerme el mundo.
A veces parece sencillo realizar cualquiera de mis sueños. Quizás porque he soñado constantemente contigo y aquí estás, hipnotizándome, cambiando el mundo.
Me preguntaste qué me gusta de ti y no sabía (ni sé) responder algo en concreto.
La primera vez que te abracé, necesitaba pegarme a tu cuerpo. No es tan sencillo de explicar como que me atraigas; lo cierto es que quería empaparme de ti aunque fuera un instante. Y lo que sentí entonces y lo que siento ahora es que ese es mi sitio.
Doy vueltas en torno a quién soy y por qué, que desaparecen en cuanto tomo contacto con tu cuerpo. Me siento protegida e intocable, la más fuerte y brillante; pero a la vez me envuelve la certeza de que sería tan sencillo romperme como que me soltaras, sin más.
Me gusta sentir la presión de tu boca contra la piel desnuda, el calor de la saliva y las manos entrelazadas. Me gusta que te toques cada dos por tres el pelo, porque me he acostumbrado, supongo...hasta eso me gusta de ti.
Tu sonrisa altamente contagiosa, tu capacidad para demostrarme que no hay dragón que pueda acabar conmigo. Tu confianza, tu mirada que traspasa y a la que nunca seré inmune. Me gusta tu voz y me gusta porque suena distinta cuando hablas conmigo y más dulce aún cuando me susurras al oído.
Me gusta que estés dispuesto a aprender de mí y que te fascinen mis locuras; me gusta escucharte hablar de algo que te entusiasma, porque te cambia la cara y pareces un niño. Que puedas convertirte en un hombre 5 minutos después y me hagas ver que es imposible no desear estar contigo.
Tu dulzura, tu humor absurdo, que hagas pucheros. Tus besos...y ese día que fuiste lo último que vi antes de cerrar los ojos y lo primero al despertar.
Me gustas tanto que siento que el tiempo siempre juega en mi contra y te aleja demasiado rápido.
Cuando algo te preocupa y pareces salido de otro mundo, más etéreo e inalcanzable, como perteneciente a otro momento, huyendo de banalidades. Cuando te centras en mí y consigues que desaparezca mi aturullada cabeza y me ría...no preguntes más porqué, siempre serás tú la respuesta.
¿Que qué me gusta de ti? Pues tú, ¿qué me va a gustar?
Me gusta descubrir cada día un poquito y que cada nuevo hallazgo sea un motivo para quererte más.
Decir que me gusta es casi una burla. Me maravilla cada aspecto de ti y de tu existencia, si quieres que me ponga poética, yo lo hago.
Te quiero. Por la paz que inspira tu carita cuando te apoyas en mí y cierras los ojos, por las yemas de tus dedos recorriéndome, creando nuevas formas, descifrando misterios, encontrando cosquillas. Por cada vez que me cuentas algo nuevo y lo devoro al instante, uniéndolo a la base de datos que contiene cada milímetro que me das.
No hay comentarios:
Publicar un comentario