domingo, 11 de marzo de 2012

Sin cambios

Tenía a Blancanieves de fondo hasta que decidí que necesitaba ponerle música a mi día. Suena "La canción más fea del mundo" y esta no, esta no es nuestra...
La banda sonora de mis días sigue siendo su voz.
Hay veces que me cuesta levantarme y necesito del Pájaro-que-da-cuerda y la preciosa señorita Pompom, pero la verdadera razón siempre es la mirada fija del chico fabuloso...la clave que causa sonrisas. Sonrisas que él ha memorizado de principio a fin, sonrisas que sabe oler, a las que anticiparse.
A veces nos rozamos más de la cuenta y nos hacemos daño, pero siempre encontramos la manera de encajar sin romper nuestros picos.
Supongo que esto es amor. Un constante tira y afloja que nos pone boca abajo, que nos acaricia y nos araña, que es mortífero y vital. Y yo no podría vivir sin él, no aguantaría ni dos aleteos.
Le quiero tanto que nunca es mucho. Aunque me canse de mi estupidez y me vuelva cada vez más cría, aunque me asuste cada vez que mi s1 s2 se convierte en una repetición del suyo.
Le sigo, ciegamente y sin reservas. Prácticamente desde el primer momento mi pie izquierdo y el suyo encabezan la marcha. Así nada saldrá mal, estoy segura. Mientras le queden sonrisas, a mí me sobra camino.

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