lunes, 9 de enero de 2012

Cómame, señor lobo

Caperucita corría por el bosque...lejos, lejos, lejos...profundo, profundo, profundo...
No huía del lobo, si no de los compromisos, las obligaciones, del fatídico destino que la llevaba a fallar, a decepcionar...una y otra y otra vez.
Pobre Caperucita, que se siente muy pequeña, que huye de todo y de todos, que necesita respirar nuevo aire.
Pero es cuando algo la deja sin aliento cuando siente que la libertad está cerca.
Caperucita se escabulle entre las fauces del lobo. Ha decidido que dejar que te coman no está tan mal, siempre que después puedas repetir tú la hazaña. Y son horas, días, noches, donde sólo existe la necesidad de comer y ser comido hasta que le revienten las entrañas.

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