Sentarnos en el sofá a ver la tele, que Bambi esté distraida y juegue con mis calcetines de vez en cuando, me da igual. Mientras, me abrazas y estoy tan pegada a ti que los ojos se me van cerrando por la mezcla tranquilizadora de tus latidos y el calor.
Me aferro a tu camiseta del pijama para que no te me escapes, y con el puño bien sujeto a ella, dormito mientras me acaricias el pelo.
Se ahoga el sonido del televisor y me pierdo por completo en la felicidad esa tan tonta que persigue a tu sonrisa...
Me coges en brazos y me llevas hasta la cama, depositándome con tanto cuidado que parece que me vaya a romper. Tu mano me roza la mejilla y me agarro a ella con fuerza, negándome a que te vayas de nuevo, porque quiero que seas lo primero que vea el despertar (una vez y otra vez y otra).
Te tumbas a mi lado en una cama demasiado pequeña, tus brazos me arropan, quitándome el frio y no puedo evitarlo, me doy la vuelta, incapaz de dormir sin un beso más de buenas noches.
Susurras que me quieres y me desahogo. Me doy en besos de distintos tipos y tamaños. Se hace evidente mi respuesta: sólo a ti; y no tengo ni la más mínima intención de cambiarlo.
Buenas noches, precioso...por hoy esto es lo único que me queda, seguir soñando contigo.
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