La miró y había reflejos de todo y de nada.
Siempre había un trasfondo, un sentimiento que movía al acto, un detonante en forma de sonrisa, de beso, de gesto.
Son momentos cargados de azul, de vida y de suerte. Aquellos en los que se cruzan miradas, se ganan recuerdos, se crean memorias.
No puede evitar sonreír, se le escapa, al tiempo que las mejillas se le ponen como manzanas.
Sonríe y cierra los ojos, se apoya y suspira en su hombro.
No piensa, pero lo hace, está cubierta de ideas esa cabecita rubia...de sueños y de miedos.
Sólo puede dejar que siga fluyendo
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