Me gustan esas cosas bonitas en las que no se fija el resto del mundo: la forma en que ondula tu pelo al viento, como te mordisqueas el labio cuando estás muy nerviosa, esa manía de canturrear en idiomas desconocidos.
Me gustan tus miedos porque me dan una oportunidad para abrazarte, pero si algo me gusta, esa eres tú.
Te he visto despertar por las mañanas con un moño deshecho y los ojos tan entrecerrados que apenas podías ver, reírte de tonterías y de cosas muy serias, porque la vida te superaba y tu querías ganar.
Me has hecho cosquillas por donde me duele y por donde amo, pero nunca has sentido lo que puedes hacer.
Yo me pregunto cómo piensas en ti rodeada de capas y capas de suciedad y espejismos.
He rasgado tus sombras muchas veces, pretendiendo mostrarte quién eres tú, pero esa niña que baila cuando saco mi pompero y la invito a pasear, se niega a mirarse al espejo.
Te he dicho mil veces, Natalia, que estoy al borde de la locura, pero tú te empeñas en negar que siento y siento mucho.
Que te quiero, joder y ten bien presente la coma, que no vale con deslizarme entre tus sábanas de vez en cuando, que de eso me cansé años atrás...
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