lunes, 7 de febrero de 2011

La Larga Marcha

Ocupó mis días a finales del 2008, me atrevo a decir que entre el 30 y el 31 o el 31 y el 1.
Es el libro que más rápido he leido, el que más satisfacciones me ha dado, y el que más miedos y reflexiones posteriores.
Soy una enamorada de la filosofía desde que vi, comprendí y asimilé por primera vez un texto, volcándome e interesándome de verdad.
La gente que me he ido encontrando por el camino solía aborrecerla, porque no querían encontrar las respuestas que podía ofrecer. Conocer el mundo es conocerte a ti mismo y, no voy a negaros que me gustaría cerrar los ojos de vez en cuando a ciertas verdades que he aprehendido como mías.
A veces me gustaría poder creer en Dios. Apretar los ojos y sentirlo cerca, cerca...estar protegida de algún modo de los malos.
Pero estoy sola, con mi fe en las personas que son tan vulnerables que hoy pueden quererte y mañana no.
"Creo en ti, no creo en Dios"

Yo quería hablaros de La Larga Marcha, mi fe, o no fe, la trataré otro día.
Mi personaje favorito es McVries, Pete McVries.
Probablemente sea tan verdadero como cualquier persona a la que te cruzaras por la calle.
Siempre me ha inspirado muchas cosas, supongo que como a Ray, porque es desconcertante a la vez que aplastantemente sincero.
Está herido, solo, y no encuentra un sitio. Se ha buscado excusas y ha tapado sus arañazos. Eso es lo que le hace tan vulnerable, el afán por esconder mostrándose.
Me fascina como tantas cosas, siempre está en mí McVries y su motel de mala muerte, y sus proposiciones incedentes y Ray...podía haber sido interesante lo suyo.

La Larga Marcha es una mezcla de miedo y excitación. Es perfecta...y posible.
Puede que algún día disfrutaramos viendo quién sobrevive en un "paseo". Cómo caen 99 cuerpos, uno detrás de otro...y el vencedor...a ese lo cubriremos de gloria, le daremos todo lo que quiera e intentaremos hacerle olvidar que ya está muerto.

Me asustó comprobar que la posibilidad está en el aire, que no estamos muy lejos de luchar hasta morir, que las penurias las observamos con curiosidad y morbo, que el veneno nos engaña y se convierte en placer.
Lo siniestro está en todas partes y yo, repugno lo mucho que me (nos) gusta.


Hoy, tengo miedo revoloteándome en la tripa. Cuéntame un cuento que acabe bien, igual si lo intento, puedo creérmelo.
Te quiero, pre

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