lunes, 3 de enero de 2011

La llamaban libertad, yo la llamaba vida.
Brillaba entre todas las demás y sonreía...iluminando el mundo a su paso, dejando un rastro de paz inconfundible cubierto de polvo blanco.
Por ella florecía, nevaba y volvía de nuevo la primavera.
Por ella el mundo estaba lleno de color, sin alejarse de la pureza del blanco: de su rostro, de sus besos, de ella.
Todo sabía a libertad, a la manera en la que me miraba y me llenaba de ella, de su interés y su curiosidad, de su presencia.
Me llenaba y me dejaba vacío, me consagraba, me amaba...y yo la amaba a ella.
La llamaban libertad, yo la llamaba amor.
Dormía entre su pelo, descansaba en sus caricias, me consolaba entre sus alas.
Y ella era todo yo, y yo era todo de ella.
Nunca dejaba de brillar, entre el miedo y el tiempo, pura y serena, y era mía, no del viento.
Por ella empecé a vivir y a empaparme de su ser, libertad.
Por ella amé ciegamente y reí hasta caer rendido. Por ella y por su vida, por su alma, por su cuerpo.
Por mi debilidad, que era ella, yo existí, por ser libre.



Hoy te echo de menos, libertad.
Sigues siendo preciosa reflejada en su pelo. Y él sigue siendo incomparable a cualquier cosa, reflejo puro de ti.
El amor nos hace libres, yo lo fui entre su cuerpo.

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