Aunque no actualizara ayer, sigo viva y, de hecho, bastante bien.
Anoche tuve unas horillas lagrimosas, pero sólo porque soy de esas personas a las que les duele que los demás se preocupen por ella así.
Ayer tuve una declaración de amor preciosa, y, no penséis mal, fue por parte de mi hermano.
Cuando llevas toda tu vida teniendo una relación nula o de pocas palabras con una persona y de repente se vuelca en ti e intenta darte todo lo que puede para que sigas adelante...no sé qué deciros.
Me siento mal porque hemos perdido mucho tiempo y nos hemos equivocado mucho por no saber acercarnos. Me siento mal, porque tengo un hermano al que no conozco y me está dando motivos para quererlo muchísimo.
Me siento mal, porque como él, han sido 18 años en que vernos ha sido raro y el cariño se esfumaba por todas partes sin llegar a ver buen puerto.
Ha sido tanto tiempo en su casa deseando volver...
Lo siento por todo, por las oportunidades que no te di, por las veces que hablé más de la cuenta o por las que me quedé callada. Lo siento, por no haber descubierto antes lo que hay en ti y por no dejarte descubrirme.
Pero te quiero mucho, Juan, como quiero mucho a mucha gente a la que no le doy muestras y de la que me alejo por h o por b.
Hay muchos abrazos que se han quedado por el camino por no saber si era el momento.
Voy a intentar hacer lo que siento y sentir lo que hago, no quiero perderme más cosas que podrían hacerme sonreír por tensiones infundadas.
Muchas gracias, de verdad, por un par de palabras que me han hecho ver que todo lo que he dejado de lado, merece que le vuelva a prestar atención, para después decidir.
Gracias por ser mi hermano.
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