sábado, 4 de febrero de 2012

Reflexiones: campo abierto

Cuando te conocí, aún hacía calor, pero me invadía el frío.
Estaba recuperándome de la tormenta, delicada y resbaladiza, apenas podía sostenerme sola...y estuviste ahí.

Algo en ti llenó momentáneamente un vacío, me sentí más segura, más liviana. Quizás fue simplemente comprensión, quizás me agarraba a tu desgarro para sentirme más viva; el hecho es que, en cierto sentido, siempre tendré que agradecerte que me salvaras entonces.

El tiempo ha pasado y nuestra relación ha fluctuado arriba y abajo día a día. A veces encajando como piezas perfectas, a veces hiriéndonos las esquinas intentando forzar lo imposible.
Quería sujetarme a tu sombra y no dejarte ir, pensaba resguardarte en un abrazo toda la vida, curarte las heridas, convertirte en sonrisas. Yo tenía muchas ideas...muchos sueños descabellados para alguien que vive entre sombras en un mundo cargado de luz.

Aferrándome a lo que teníamos en común, cubría tus faltas, tus desplantes, esos momentos en que sentía que ibas a partirme por la mitad...todo porque tú ya estabas roto. Y ahora lo sé, siempre lo estarás.

Las personas no funcionan sin ilusión, siento mucho que no lo entiendas. Hay que caminar, embargados en la esperanza de un presente, de un futuro, de una sonrisa, de una canción. Cualquier cosa es válida, pero sumamente necesaria.
Me gustaría que lo entendieras, pero no sé explicártelo, me gustaría de verdad que te metieras en el pozo del Pájaro-que-da-cuerda y descubrieras tu gran revelación.
Ahora hablas de amor, de otras chicas, de otra vida y no dejo de sentir que lo falseas todo, como siempre. Que tus personas especiales dejan de serlo en cuanto te tronchan el gusto.

Quiero que sientas muchas cosas, que te lo pases muy bien desgarrando al hastío. Que te vaya bonito, que nos podamos volver a ver.
Necesito seguir manteniendo eso...que volveremos a encontrarnos cuando tú estés preparado para aceptar que soy simplemente una persona y que tengo derecho a ser feliz, más allá de tus necesidades de niño malcriado.

Desde el fondo de mi corazón, desde la superficie, cada poro, presionando las falanges, creo que lo sabes, que yo te quiero, aunque probablemente sea la única persona que ahora no quiere perdonarte.
No sé si me echarás de menos, yo sé que lo haré...pero tengo que arriesgar y no plantearme cada conversación como un desafío en que me das tu insatisfacción y te quedas con mis ganas.

Tengo mucho que agradecerte, no voy a reprocharte nada más...no voy a contarte más que esto.
Sabes que lo siento, por lo que eres, por lo que somos.

Si tenemos que cruzarnos, que sea así. Siempre te tendré en la mente, dándole cuerda al mundo.

Buenas noches, David...

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