Meter la cabeza en un cubo de agua helada, contener la respiración.
Sentir cómo se me congelan las entrañas, hasta la punta de la nariz tirita.
Ahí está de nuevo, la necesidad, tan poco sutil, tan traicionera. Observando desde las sombras para pinchar donde duele, exigiendo más de lo que debe, volviéndome ambiciosa, enamorándose de ti.
Ha hecho un pacto con las ganas y las dos me están volviendo loca. Tengo heridas en cada poro y cada una se corresponde con algo que brilla en ti.
Y aunque el tiempo ha decidido darme un respiro, es saber que casi puedo tocarte lo que me está dejando sin aire.
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