Borró todo lo que le daba independencia. Hizo un molde y lo creó.
Lo pulió a imagen de aquello que estimaba perfecto y se enamoró de su irrealidad, de su aire inalcanzable.
Poseía todo cuanto ella había soñado: era inteligente, dulce, tenía inquietudes y un lado salvaje. Su pelo, su piel blanquecina, sus ojos oscuros...todo respondía a un ideal.
Y él sólo conocía a su creadora y la correspondía cuanto podía teniendo en cuenta que no sabía nada del mundo y ansiaba conocer, conocerse.
La posibilidad de respirar se tornaba insuficiente, necesitaba más y siempre más.
Artista y obra fueron uno muchas veces, pero este último era solo un sueño y, como tal, no podía durar...
No hay comentarios:
Publicar un comentario