Elia sacó la cabeza por la ventana, tragándose del todo el miedo que traía consigo el aire de un sitio nuevo. Quería reír a carcajadas pero antes tenía que llorar, arrebujada en sillón, mirando de lejos cómo miles de puntos confluían, dejándola atrás.
Quería echarle cojones y crearse un espacio más allá del espejo, ser persona y no personaje, que no recordaran su nombre, pero quizás sí su forma de mirar.
Quería ser, no estar.
Se había cansado de mantenerse en las sombras como un apoyo fundamental, pero transparente.
Estaba harta del mundo, y, sin embaro, ansiaba con todas sus fuerzas formar parte de aquello que tantísimo asco le daba.
"La única forma de cambiarlo es desde dentro" murmuraba, metiendo la cabecita en una camisa blanca tan grande que se podía poner sin desabrochar.
Elia era de esas que tenía un mundo interior enorme pero en el exterior era tan solo un número, no un hecho.
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