miércoles, 14 de septiembre de 2011

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Se levantó, oliendo a caricias y a inocencia, a leche y a chocolate, a millones de cosas bonitas. Con euforia en las venas y calma en el corazón.

Total y completamente rota de amor, dispuesta a comerse el mundo, dispuesta a empaparse de tu sonrisa.

Ay, Dios, cuantísimo te quería...

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