Como me costaba mirarte...cuantísimo me costaba.
Sentía que me iba a romper por la mitad al verte tan pequeñita e indefensa, arrinconada contra la pared.
Qué bonita eras y qué rota estabas.
Encontraba fragilidad en la silueta de tus huesos y amaba eso y todo de ti, incluso lo que te hacía insoportable a ojos ajenos.
Me gustaba tu forma de estirarte al despertar, como un cachorro. Tu vida y tu pena y tú: los lunes, para merendar, soñar y hacer los deberes.
Me gustabas tú, te quería a ti y me dabas miedo.
Te reías tan poco y llorabas tanto que veía charquitos a tu alrededor cuando dormitabas a mi lado; te quería estrujar fuerte pero te hubieras esparcido entera, dejando trocitos de mi propia suerte.
No hay comentarios:
Publicar un comentario