lunes, 23 de mayo de 2011

Si estoy loco es cosa mía

¿Os habéis preguntado alguna vez de dónde saco los títulos?
Realmente se me ocurren el instante antes de escribir y de ahí hilo el tema y la entrada.
No sabía qué iba a contaros, quería hablar de mi otra familia, el RMI, porque han terminado convirtiéndose en parte de mí y realmente las quiero mucho (a unas más que a otras).
Pero en lugar de eso, voy a reflexionar un poco, dedo en tecla.

Hay mucho idiota, idioto o viceversa que se dedica a juzgar cómo hago las cosas y por qué y así con todo y con todos.
Estando lejos de casa me he dado cuenta de muchas cosas, como por ejemplo que aquí puedo vestir, reír, decir, hacer, soñar, cantar...y nadie me mirará ni me culpará por ello.
Puedo pasear de la mano de quien quiera, puedo llorar de vuelta a casa, ir cargando con un lienzo de un metro, ponerme unas gafas de sol que me tapan media cara.
Puedo ser quien quiera porque si me ven, será porque ahí algo bueno en mí, no para desprestigiarme.
Amo la libertad y le daré calor para que no escape.
Lo único que no soporto de volver es que todas mis acciones tengan respuesta de personas que no me importan en absoluto, si no que más bien me incomodan.
No tengo miedo, ni ganas ni nada de fingir amiguismos, de sonreír a gente que no merece que le sonría (¿te suena?).
¿Sabéis quiénes me importan? Mi familia y mis amigos de siempre, las niñas del RMI, unas cuantas cabecitas locas de BA...eso es todo lo que quiero y lo que necesito.
Los que quieren saber sólo para cotillear, los que nunca te preguntan cómo estás cuando estás bien, los que se esconden y meten el dedo en la yaga...esos se pueden quedar lejos, porque no quiero que formen parte de quién soy ahora.

Debes quererme, ¿sabes? no voy a mantener a mi lado a nadie que no me aporte sonrisas.

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