Somos masoquistas por naturaleza. Sabemos que no, pero...siempre, siempre tendemos a recaer.
Lo mejor para nosotros no nos lo parece, volvemos a lo de siempre, a meter la mano hasta quemarnos el brazo, parece que rehuímos de aquello que nos hace felices, que amamos el peligro y la decepción.
Perseguimos la zanahoria como el caballo del hipódromo, sabiendo que no podremos alcanzarla, pero...¿y si pudiéramos?
Las emociones hacen vulnerable al hombre, el amor le hace fuerte.
Por más que nos pase, conseguiremos levantarnos, siempre que haya una sonrisa de repente en un bar...
Estamos aferrados a los subidones del después y nos importa bien poco tener que llorar para conseguirlo, no nos gusta lo sencillo, perseguimos la emoción.
Somos el resultado de todo eso, de peleas que acaban en la cama, de éxtasis, de bajar la guardia...de besos, muchos besos que curan el alma.
Da igual lo que nos pase, seguiremos respirando el mismo Aire.
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