Los cerezos en flor arrastran muchas cosas.
Es la primera vez que veo una maravilla así y ahora entiendo porqué en Japón se sientan bajo su sombra a ver el día pasar.
La naturaleza cada día me parece más increible y más perfecta. Probablemente no haya nada en el mundo que se iguale, ninguna creación.
Probablemente la belleza de La Piedad no sea tan grande como la de la flor de cerezo.
Las luces están haciéndose con la ciudad, el verano no está ya tan lejos y el ciclo vuelve a repetirse.
Creía que me disgustaba, pero es lo mejor, volver y retornar y sentirnos seguros.
Así como los cerezos, renazco también.
No soy tan delicada ni perfecta, pero estoy viva.
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