miércoles, 23 de febrero de 2011

Buenos días, por decir algo.
Hoy me he levantado fatal, tanto que estoy aquí en vez de en clase por unos preciosos dolores que han derivado en mareos =).
No sé qué contaros, es demasiado temprano. Cuando el cuerpo se enfría después de días de parecer inmortal, se nota, y ya os diré yo si se nota.

Ya queda menos para irme a casa, el viernes a las 9 estaré rumbo a mi hogar y con suerte no llegaré demasiado tarde para la comida. Podré conocer a Bambi, que ayer llegó a casa y disfrutar de mi casa y de mi gente.
¿Qué puedo decir? También tengo ganas de volver para ver qué pasa el finde, que lo tengo cargadito y como aún (desde septiembre) no he pisado una discoteca ni una vez, no tengo ni idea de por dónde saldrá la cosa.

Bueno, ayer decidí obligarme a escribir, así que, además de las habituales rutinas, vais a compartir conmigo alguna que otra cosa más.
Hoy empezamos por algo que se me cruzó anoche =).

Jared, y su extraña manera de hacer las cosas, y su camiseta verde, y su sonrisa de viernes por la noche, y las zapatillas roídas que tanto le gustaban.
Y lo tonto que se ponía a veces, y las palabras que nunca decía, pero se dibujaban en sus ojos, y sus canturreos en la ducha, y sus enfados matutinos.
Y sus enormes manos, y el anillo que le regalé, y su pelo y peinarlo.
Jared, y su bañador de agosto, y sus prisas para coger el autobús cuando ya llevaba más de medio camino hecho, y aquello que no daba, y aquello que sí.
Y su manía de nunca decir te quiero y camuflar sus sentimientos en otro idioma, y eso que hacía abriendo mucho los dedos de los pies.
Y la temporada en la que bebía a morro sólo por chinchar, y las cosquillas, y la guitarra, que no pare la guitarra.
Y todo lo que no le dije, lo perfecto e inalcanzable que era aquel Jared que dormía en mi cama, cenaba en mi mesa y se bañaba conmigo cuando los dos teníamos demasiado miedo para hablar de querer o dejar de hacerlo.

No hay comentarios:

Publicar un comentario