Todos tenemos algo enorme dentro: la capacidad de amar y darlo todo.
Es lo más importante sin duda, lo que nos hace vivir y también morír.
El amor, igual que para muchos, es toda mi vida.
Yo me muevo por amor, respiro por amor...amo tanto que a veces incluso se me escapa la vida entre tanto sentimiento.
Hace ya mucho que amo ciegamente y con todo mi cuerpo a una persona.
Al principio tenía tanto miedo que apenas podía respirar, pero lo abrazaba, lo abrazaba y sentía que el frío había desaparecido, que podía romper murallas, que podía vivir y que podían quererme tanto que todo merecía la pena.
He amado mucho, y he hecho todo lo que sabía por amor, he soñado con protegerle de todo lo que pudiera hacerle daño, lo he besado y acariciado, lo he cuidado y acunado entre mis brazos cuando el mundo se le quedaba demasiado grande.
Le he amado y le amo y por eso yo necesito vivir, porque mis sentimientos merecen que siga luchando, porque sé...que por más daño que me haga, que por más que me duela hasta parpadear, merece la pena sentir hasta caer rendido.
Y cuando todo desaparezca y ya no me quede nada que dar, abandonaré.
Porque yo sólo camino porque amo, y sólo amo porque existes.
Más allá de todo lo que hemos vivido, más allá del miedo, de las dudas, de los celos, de estos días de querer y no poder, más allá de que aún no tenga la certeza de seguir, siento que no me he equivocado queriéndote así.
Porque te quiero, y sé que lo sabes, porque me lo dices cada vez que sientes que tengo todo que perder y demasiadas esperanzas.
Probablemente tengas la culpa, porque me has hecho muy feliz y sé que puedes seguir haciéndolo, y que podemos, podemos con todo lo que vaya a pasarnos.
Porque juntos somos invencibles y tú lo dijiste tanto como yo lo pensé.
Y sé que me quieres, aunque no sepamos lo que vamos a hacer.
Porque es cierto que querer no es suficiente, pero yo no quiero, yo amo, y te amo a ti, por encima de todo y de todos, Jesús Abel Peralta Trujillo.
Si me caigo, asumo las consecuencias, pero voy a intentar despertar de nuevo y que sea como aquel veinticuatro de agosto en que el mundo se detuvo, cogiste mi mano y me preguntaste qué éramos.
Ahora lo sé, lo sé mucho más que aquel día, somos dos personas que se quieren demasiado. Vamos a intentarlo, aunque sólo sea un poco más.
No hay comentarios:
Publicar un comentario